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 JUNY
Por Antibasse 

Las que se derivan a partir del reinado del rey Sancho el Mayor, rey de Navarra (1004-1035). Por herencias, conquistas y matrimonios había conseguido ser el rey del mayor territorio cristiano de su tiempo. De soltero tuvo un hijo con la navarra Sancha de Aibar, llamado Ramiro. Siendo ya padre, se casó con Munia (conocida como Mayor) hija del conde castellano Sancho García. En un segundo matrimonio casó con la también castellana Muniadora. Además del Ramiro, su hijo bastardo, tuvo más hijos, Fernando, Gonzalo, Mayor, Jimena y García. Sus dominios iban desde Astorga, al noroeste, hasta Ribagorza, al noreste.

La protagonizada por este rey, Sancho el Mayor, en su testamento. Dividió sus dominios entre sus hijos como sigue:
A Fernando I le dejó Castilla.
A García le dejó Navarra
A Gonzalo le dejó los condados de Sobrarbe y Ribagorza
A Ramiro I le dejó Aragón.

La de que EZ a final de nombre significaba “hijo de”. También en árabe BENI (en algunos lugares ha derivado a BINI) a principio de palabra significaba “hijo de”.

La de que su hijo Ramiro, que pasó a la historia del Reino de Aragón como Ramiro I, nunca se hizo llamar rey en los documentos, sino “hijo del Rey Don Sancho el Mayor”.

La de que Ramiro I, rey de Aragón, resultó ser el más monárquico de todos. Con el tiempo, durante su reinado (1035-1069), fue incorporando a sus dominios los territorios de su hermano García, es decir Navarra y los de su hermano Gonzalo, es decir Sobrarbe y Ribagorza.

La de que Ramiro I dejó su reino a su hijo Sancho. Éste pasó a ser llamado Sancho Ramírez, o lo que es lo mismo, Sancho hijo de Ramiro. Sancho Ramírez resultó tener una visión política de largo alcance. Como los tiempos en que le tocó reinar eran tiempos muy difíciles en los que debían agrupar fuerzas a través del vasallaje, Sancho Ramírez, para evitar ser fiduciario de otro rey, miró más alto y se hizo vasallo del Papa de Roma. Además, la catedral de Jaca se erigió durante su reinado.

La de que el Papa, a cambio, le exigiera para aceptarlo en vasallaje, que cambiase el rito mozárabe que se practicaba en las iglesias por el nuevo rito establecido por Roma. El rey Sancho Ramírez aceptó.

La de que en el siglo X, un monasterio de Francia, concretamente el de Cluny, seguidor de la regla de San Benito, se puso bajo la potestad directa del Papa de Roma, sin obedecer a obispado alguno. Estos frailes cluniacenses serían los que, desde Cluny hasta Santiago de Compostela, llenarían de monasterios muchos lugares con un estilo arquitectónico peculiar que paso a llamarse “Arte Románico”.

La de que los deseos de agradar al Papa, por parte del rey aragonés Sancho Ramírez, le llevaran a bautizar, con el nombre de PEDRO, a su hijo primogénito tenido con su primera esposa. A los tenidos con su segunda esposa les llamaría Alfonso y Ramiro.

La de que Pedro I de Aragón (1094-1104), hubo de luchar también contra los árabes, conquistando la ciudad de Huesca para la causa cristiana, y contra el propio Cid Campeador, quien, a buen precio, tanto se ponía a luchar a favor de los musulmanes como contra ellos.

La de que si bien en el Cantar del Mio Cid se dice que las hijas del Cid se llamaban Doña Elvira y Doña Sol, la realidad fue otra. Las hijas de Don Rodrigo Díaz del pueblo de Vivar (Burgos), conocido como el Cid Campeador y de Doña Jimena, se llamaban María y Cristina.

La de que el Cid buscó, por las buenas o por las malas, el mejor partido para sus hijas. A Maria la casó con el Conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, introduciéndose así el Cid en la dinastía condal catalana.

La de que para Cristina hubo de trabajárselo mucho más. En principio pactó un compromiso de boda con el hijo del rey Pedro I de Aragón, llamado también Pedro, pero éste falleció a temprana edad. El Cid no se aminoró en buscarle fortuna y la casó poco más tarde con Ramiro Sánchez de Navarra, señor de Monzón, que después subió peldaños.

La de que no debemos dejar en el olvido ni a Ramiro Sánchez de Navarra ni al pueblo de Monzón, ya que aparecerán nombrados más tarde.

La de que Pedro I de Aragón, al fallecer sin descendencia, obligó a tener que recurrir a su hermano Alfonso, el que pasaría a la historia como Alfonso I el Batallador.

La de que Alfonso I el Batallador (rey de Aragón de 1104 a 1134) tiene muchas anécdotas. Nunca pensó llegar a ser rey ya que la corona era para su hermano Pedro. Su preparación la hizo para ser un buen guerrero no para ser rey. Su ilusión era incorporarse un día en las cruzadas e ir a Jerusalén, pues era un gran admirador de las órdenes de frailes guerreros templarios. Además era misógino, sintiendo aversión hacia las mujeres. Fue el que conquistó Zaragoza a los árabes.

La de que Alfonso I el Batallador, por muy misógino que fuera, había de casarse. Lo casaron con la hija del Alfonso VI de Castilla, llamada Doña Urraca, que era ya viuda y con un hijo (futuro Alfonso VII de Castilla). Doña Urraca era una mujer de mucho carácter que no se dejaba dominar así como así. El matrimonio fue tormentoso. Los consejeros de ambos, tratando de encontrar una vía de convivencia, propusieron que el rey Alfonso I se ocupara de los territorios de su esposa y Urraca de los de Aragón. Alfonso I no dudó en llevar a su hermano religioso Ramiro como Obispo de Benavente y entre uno y otro trataron de dominar a la oposición de la nobleza y el clero castellano-leonés, haciendo y deshaciendo cuanto creyeron conveniente. Doña Urraca hizo cuanto le pareció por Aragón. Se llegó al convencimiento de que aquel matrimonio no lo salvaba nadie y que había que disolverlo: para ello echaron mano del parentesco que unía a ambos y a la falta de licencia papal cuando se casaron. Con ello se anuló el matrimonio de Don Alfonso y Doña Urraca.

La de que durante la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador ocurrieron dos anécdotas dignas de contar. Una es que el Batallador reunió a sus tropas en un descampado próximo a la ciudad amurallada de Zaragoza y pronunció la frase: “IUS LO VOL” (DIOS LO QUIERE). Hoy, en aquel lugar, el cual se puede ver desde la Expo de Zaragoza, hay un pueblo que se llama JUSLIBOL en recuerdo de aquel hecho.

La segunda anécdota es que, tras la toma de Zaragoza, Alfonso I dio a los musulmanes un año para que saliesen del interior de las murallas a extramuros o que se marchasen. Muchos musulmanes optaron por marcharse. Cuando se agotaba el plazo, salieron de las murallas, y se dirigieron al camino que conduce de Zaragoza a Valencia pasando por Teruel. (En Valencia volvían a reinar los árabes, muerto ya el Cid.) Alfonso I el Batallador se presentó en la ruta y pidió a los que se expatriaban que pusieran en el suelo todo objeto de valor que se llevasen bajo penas muy graves. Ante tal amenaza y rodeados de soldados del rey, los árabes fueron sacando todo objeto de oro y plata que llevaban escondidos y lo depositaron en el suelo. Visto lo cual los árabes daban por perdidos tales objetos. La sorpresa llegó cuando Alfonso I les dijo en persona: “Recoged esos objetos y llevároslos. Os los he hecho mostrar para que nunca digáis a vuestros hijos que fue vuestra astucia y no mi generosidad la que os permitió sacarlos de Zaragoza”.

La de que la otra anécdota, aunque bastante escabrosa, fue la ocurrida en el intento de conquista de la ciudad de Fraga (Huesca). Alfonso I tenía rodeadas las murallas de este pueblo, pero no había manera de rendirlo. Los amurallados recibían provisiones y relevos, bien a través de conductos subterráneos, por el río Cinca o de otro modo. Pero la rendición no llegaba. La situación estaba tan estancada y desorientadora que los musulmanes del interior de la muralla se burlaban de los soldados del Batallador. Cada atardecer, colocaban los musulmanes en lo alto de una almena a un enano. Éste hacía cabriolas y mofas a los sitiadores con las que hacía destornillarse de risa a los musulmanes. Esto se hacía día tras día, hasta que, una tarde, cuando el enanito se colocó en la almena para hacer sus gracias, una flecha del mejor arquero del Batallador lo derribó al patio interior, y el enanito no volvió a mostrarse más.

La que al morir Alfonso I, sin descendencia, por supuesto, se volvieron a complicar las cosas y más cuando se abrió su testamento.

De este testamento y otras anécdotas de reyes posteriores las contaremos en la entrega del mes próximo.

CITAS:

Nadie es dueño de la multitud aunque crea tenerla dominada.
Eugéne Ionesco, dramaturgo francés (1912-1994)

El dinero habla un lenguaje que entienden todas las naciones.
Aphra Behn, escritora británica (1640-1689)

La suerte favorece sólo a la mente preparada.
Isaac Asimov, escritor estadounidense (1920-1992)

No es difícil llorar en soledad, pero es casi imposible reír solo.
Dulce María Loynaz, poetisa cubana (1902-1997)

Ser bisexual duplica las oportunidades de conseguir una cita el sábado por la noche.
Woody Allen, director de cine estadounidense (nacido en 1935)

No sé cual es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
Bill Cosby, actor, cómico, educador y productor de televisión estadounidense (nacido en 1939)



 MAIG
Por Antibasse 

La protagonizada por un abad del convento de Fitero (Navarra) y el alcalde de Tarazona (Zaragoza). Resulta que ambos pueblos, el navarro y el aragonés, son limítrofes. Tenían una disputa de pastos en terrenos medianeros. El abad de Fitero envió una carta al alcalde de Tarazona pidiéndole dejase de importunar a los pastores de Fitero, firmando la carta como ABAS FITERUM. El alcalde de Tarazona, que de ninguna manera estaba dispuesto a renunciar al derecho sobre los pastos, dio respuesta al abad, también por escrito, en sentido negativo. Mas siendo, el susodicho alcalde, poco versado en latín y entendiendo que el abad promocionaba en la carta las HABAS DE FITERO, no quiso ser menos que él y rubricó la suya escribiendo: PÁ JUDIAS LAS DE TARAZONA. Quien dude de la veracidad de lo dicho que aproveche este verano, vaya a ver la Expo de Zaragoza, se acerque a Tarazona (carretera de Zaragoza a Soria, en las faldas del Moncayo) y, además de visitar el Monasterio de Veruela (Vera de Moncayo) donde trató de curar su enfermedad el conocido poeta Gustavo Adolfo Bécquer, entre en cualquier pastelería de la villa de Tarazona, pida judías, y lo comprobará.

La protagonizada por el nefasto rey de España Fernando VII. Resulta que, mientras estuvo, “voluntariamente o no”, retenido en Francia por Napoleón, se aprobó la constitución de Cadiz de 1812. Cuando en 1814 fue “liberado” dicha “joya” de rey, los constitucionalistas acordaron que el cardenal primado de España, de apellido también Borbón, tomase juramento a Fernando de acatamiento a la Constitución. Cuando rey y cardenal se encontraron frente a frente se produjeron unos momentos de fuerte tensión. Ninguno de los dos daba el paso de aproximación al otro. Ambos querían marcar la autoridad. La tensión se zanjó cuando el rey, fortalecido por el espectacular recibimiento que los pueblos por donde pasaba le dispersaban, estiró la mano y dijo al cardenal: ¡Besa la mano! y ahí se acabó, por seis años, la Constitución de 1812.

La protagonizada por el mencionado rey Fernando VII en una recepción con altos Militares. Durante la guerra de la Independencia surgió lo que se ha llamado la “guerra de guerrillas”. Las había de muchas clases. Unas eran bandas formadas por campesinos normales que, ocasional y secretamente, se unían por la noche para ocasionar bajas o entorpecer la marcha normal del ejército invasor. Por el día trabajaban en el campo, camuflándose, como si nada hubiera pasado. Esto entorpeció el desplazamiento habitual del ejército napoleónico al tener que reforzar la retaguardia, las alas y establecer controles permanentes en los caminos. Otros lucharon en escaramuzas, por sorpresa, hoy aquí, mañana allí. Algunos grupos guerrilleros se dieron normas de funcionamiento, siempre muy severas, castigando con la muerte cualquier desafección o delación. También se auto establecieron de un reglamento de ascensos. Entre los dirigentes destacaron, el castellano llamado el Empecinado (llamado así por el color sucio del agua del río de su pueblo natal, manchado por las escorias de las minas de sus montañas y que se decía daba color a la piel de sus ribereños), y el Navarro Espoz y Mina, Francisco. Este último llegó a general. Cuando se acabó la guerra y volvió el rey, la nobleza, que nutría al ejército con sus segundones, no aceptaba a los generales de origen guerrillero. Tan es así que, estando presente en la recepción el susodicho Espoz y Mina, no fue ni saludado por el rey, más bien fue totalmente despreciado. “Me dirigió una mirada, como se mira a un perro”, contaría después Espoz y Mina.

La de que cuando se designaron cargos a los generales en capitanías, a Espoz y Mina no le asignaron ninguno, solamente le dieron un cargo segundón. Pero el navarro no era hombre que se arrugaba. Tardaría sólo unos meses en provocar una intentona para apoderarse de la capitanía de Navarra por la fuerza, aunque fracasó

La contada por Mesonero Romanos, escritor costumbrista madrileño. Dice que, una mañana temprano, cuando Mesonero niño se dirigía al colegio, vio venir por la calle a dos personas que se recogían de una noche de juerga. Con la candidez de niño, al pasar junto a ellos, se les quedó mirando fijamente reconociendo que uno de ellos se trataba del rey Fernando VII. El acompañante del rey le dio tal empujón al niño que le envió contra el suelo del otro lado de la calle. El rey y su amigo venían de pasar la noche en una casa de putas, cosa que la rumorología decía que era lo habitual cada noche.

La que se relataba en la letra de la cancioncilla popular que se canturreaba
cuando la hija del “Generalísimo” se comprometió con el Marqués. La letra
decía así:

La niña quería un novio
la mamá quería un marqués,
el marqués quería dinero
y lo lograron los tres.


Resultado a la pregunta de las anécdotas del mes pasado:
Tiene mayor volumen el medio metro cúbico.
Un metro tiene 10 decímetros.
Un metro3 = 10 dm x 10 dm x 10 dm = 1000 dm3 = a 1.000 litros.
1000 dm3 ó 1000l dividido para 2 = 500 dm3 = 500 litros.
Medio metro tiene 5 decímetros.
5 dm x 5 dm x 5 dm = 125 dm3 = 125 litros.


Canción de Otoño en Primavera (Ruben Darío)

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!



 ABRIL
Por Antibasse 

La protagonizada por un alumno en un examen de Literatura. La pregunta del examen era: escriba usted sobre Francisco de Quevedo. En respuesta el alumno escribió: “Quevedo era cojo”, mas considerando que la respuesta era demasiado escueta añadió: “pero de un solo pie”.

La ocurrida en otro examen, pero esta vez oral y de Historia. El profesor le pregunta al alumno: “hábleme usted de Magallanes”. El alumno, no sin rascarse la cabeza y tras unos largos segundos de silencio, contesta: “Magallanes fue un navegante que, tras muchas vicisitudes, descubrió el Canal que lleva su nombre”. “Bien, le dice el profesor, explíqueme usted ahora las vicisitudes”.

La protagonizada, en la misa de un domingo, por un cura de pueblo, sobre el que se rumoreaba que todos los niños rubios que nacían en la localidad eran suyos. Subido en el púlpito, a la hora del sermón, reprendió a los feligreses enojado: “es una calumnia el rumor que corre por el pueblo de que todos los niños rubios que nacen aquí son hijos míos. No digo que alguno, alguno, alguno no lo sea, pero todos, todos no”.

La de que hasta bien cerca de los años sesenta, los entierros religiosos eran de tres categorías, dependiendo del precio que pagaba la familia. Recibían el nombre de: entierros de tercera, entierros de segunda y entierros de primera.

Los entierros de tercera eran para los difuntos de familias más pobres. Los familiares y amigos transportaban el ataúd hasta la iglesia del pueblo. Un único cura celebraba una misa con cantos de funeral, se rezaba un responso y se despedía al difunto en la puerta de la iglesia. De allí hasta el cementerio era llevado por familiares y amigos íntimos sin ningún descanso para nuevos responsos.

Los entierros de segunda eran los de las clases medias. El cura y los monaguillos iban a buscar el féretro a la casa del difunto. A medio camino se paraba la comitiva, se realizaban cantos para difuntos y se rezaba un responso. Ya en la iglesia se celebraba la misa de difuntos por un único cura también. La misa era de difuntos cantada y con rezos de responso. Finalizada la misa, el féretro llevado por familiares y amigos, era acompañado por el cura hasta la mitad del camino. Allí el cura, tras unos cánticos y rezos de responsos, se volvía para la iglesia. Hasta el cementerio solamente iban los familiares y amigos íntimos del difunto.

Los entierros de primera eran los de la gente rica. El cura del pueblo pedía que le acompañaran en la celebración de los funerales los curas de varios pueblos vecinos. Curas y monaguillos iban a buscar al difunto a su casa. La vuelta hacia la iglesia era de continuos descansos. En todos ellos se rezaban responsos y se realizaban cánticos funerarios. Llegados a la iglesia, cada cura, en una de las distintas capillas, celebraba una misa por el difunto presente y por sus antepasados difuntos. Tras estas misas se celebraba la misa de difuntos principal. La concelebraban todos los curas. Había coro de cantores y los rezos por responsos eran constantes. Finalizada la misa, el difunto era acompañado por todos los curas, familiares y amigos hasta el propio cementerio. El camino hasta allí se realizaba con numerosos descansos, rezos y cánticos.

La diferenciación de funerales venía de antiguo y se ironizaba ello en la cultura popular con un canturrear de una letra adaptada a la música funeraria que decía así:

“Al que tenga viñas y olivares,
cantares y más cantares.
Al que sea pobrecito,
cántale sólo un poquito.”


Para los responsos y cantares durante los trayectos de búsqueda y acompañamiento del difunto, también había una letra popular adaptada a la música funeraria:

“Detenerlo, detenerlo que este es rico y cobraremos, detenerlo, detenerlo”.

En respuesta a la pregunta de las anécdotas del mes pasado diremos que el multiplicador es el 18:

12.345.679 x 18 = 222.222.222
12.345.679 x 27 = 333.333.333
12.345.679 x 36 = 444.444.444
12.345.679 x 45 = 555.555.555
12.345.679 x 54 = 666.666.666
12.345.679 x 63 = 777.777.777
12.345.679 x 72 = 888.888.888
12.345.679 x 81 = 999.999.999
12.345.679 x 09 = 111.111.111

Problema del mes de abril:

¿Qué tiene mayor volumen, medio metro cúbico o la mitad de un metro cúbico?

Poema. Anda jaleo. De Federico García Lorca.

Yo me alivié a un pino verde
por ver si la divisaba
y sólo divisé el polvo
del coche que la llevaba.
Anda jaleo, jaleo;
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

No salgas, paloma, al campo,
mira que soy cazador,
y si te tiro y te mato
para mi será el dolor,
para mi será el quebranto,
Anda, jaleo, jaleo:
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

En la calle de los Muros
han matado una paloma.
Yo cortaré con mis manos
las flores de su corona.
Anda jaleo, jaleo:
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

Cruz Roja