Ablación:
"Ya no me avergüenzo"
01.04.08
Antes de cumplir cinco años, la sudanesa Amal Bürgin
fue sometida a una escisión genital. Hoy vive en la
ciudad suiza de Basilea y lucha para evitar que la generación
de su hija sufra lo mismo
Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF), cada año unos tres millones de niñas
padecen esa operación. El flujo migratorio de los países
concernidos ha traído la problemática a Europa.
¿Por qué decidió romper el silencio?
Porque
hoy tengo la fuerza para hablar. Ya no me avergüenzo,
sino que lucho contra la mutilación genital de las
niñas. Cuando cambio los pañales de mi hija
de nueve semanas de edad pienso: "No, Nuha. ¡A
ti no te pasará eso!"
¿Qué edad tenía usted al momento de
la escisión?
Tenía
unos cinco años. Mi hermana mayor y yo nos alegramos
mucho porque nos pintaron las manos con alheña y
nos ofrecieron de comer cosas deliciosas. Vino gente a visitarnos
y nos dejaron dinero debajo de la almohada. No teníamos
ni idea de lo que pasaría.
Me
recostaron en la cama y mi madre me amarró la piernas,
mientras otras mujeres me detuvieron el torso. Grité
y lloré cuando me inyectaron. Después ya no
pude moverme por el dolor.
Cuando
tuve que orinar, las primeras gotas me dolieron tanto que
no pude continuar así que me pusieron un insecto
en el vientre. Me asusté tanto que evacué
del miedo.
¿Tuvo la oportunidad de defenderse?
No, a
esa edad uno se resigna. Mi padre se ausentó ese
día. Creo que nos hubiera defendido ya que cuando
se enteró de la escisión a su regreso, se
enfureció.
Más
tarde, cuando tenía unos ocho años, me cortaron
de nuevo. Dos tías aseguraban que la primera (ablación)
no había sido bien hecha. Y eso a pesar de que la
primera vez había sufrido la variante 'faraónica',
en la que se corta mucho más que en la 'sunna'...
¿Cómo fue justificada su ablación?
Siempre
que nos invitaban a una fiesta de ablación yo preguntaba:
"Después de todo, ¿para qué se
hace? ¿Por qué?". Nunca recibí
una respuesta clara. Me di cuenta que ni en la mezquita,
ni en la clase de religión se hablaba de que fuera
necesario cortar a las niñas.
Hoy
sé que se trata de una tradición antigua,
que no tiene nada qué ver con el Islam. Algunos dicen
que está bien para que la mujer permanezca casta
hasta su matrimonio. Pero la ablación no lo garantiza.
Hay mujeres que no se casan y que luego de tener relaciones
sexuales vuelven a dejarse coser.
¿Cómo trascurrió su vida después?
Seguí
con el cierre completo, sólo con un pequeño
orificio de salida. Durante la menstruación tuve
fuertes dolores. Luego de casarme debí acudir al
hospital para que me abrieran. Es el caso de muchas mujeres.
También
hay hombres que abren solos la herida, por ello la importancia
de hablar con ellos sobre el tema. Ellos deben decir alto,
es claro que no quieren mujeres mutiladas.
¿La situación ha cambiado ahora?
Sí,
la práctica se ha reducido, sobre todo en las ciudades.
Hace 15 años, en la universidad, las mujeres iniciaron
la lucha contra la ablación, pero aún hay
mucho por hacer.
Actualmente la visita su hermana. ¿Han hablado al
respecto?
En Sudán
habíamos rehuido el tema. Pero la primera vez que
me visitó en Suiza, hablamos de ello. Entre amigas
la escisión es un tabú, y con mi madre tampoco
lo he abordado.
¿Por qué es importante hablar de la escisión
en Suiza?
Porque
cada vez hay más familias que en Suiza o durante
una visita a su país dejan que su hija sufra la ablación.
Con
frecuencia son los familiares allá los que lo exigen.
Un día mi familia también preguntará
si Nuha ya fue cortada.
¿Y entonces?
Entonces
todo explotará en mí: les diré por
todo lo que he pasado y sigo pasando. Pues esas vivencias
me persiguen aún.
Siempre
que tengo problemas en esa zona de mi cuerpo vuelvo a revivir
todo, veo a mi madre y a esas mujeres que me rodean, como
si hubiese pasado ayer.
AMAL BÜRGIN
Tiene
37 años de edad. Creció en las cercanías
de la capital sudanesa de Khartum y tiene tres hermanos.
Desde 1999 vive en Basilea, Suiza. Está casada con
un ciudadano suizo y es madre de tres niños.
Hace un año participó en un acto de UNICEF
sobre la mutilación genital femenina. Desde entonces
decidió luchar contra esa práctica.
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