¿Ya
ha visto la obra Ferrán Adriá?
Creo que no y
tampoco creo que tenga mucho interés. A nadie le
gusta ser objeto de sátira, aunque directamente no
es a él a quien se refiere la obra sino a todo un
concepto de lo que significa la cocina como los nuevos dioses
del mundo moderno, esta vez enfocado todo hacia el tema
medioambiental. He utilizado la cocina como podría
haber utilizado otra cosa, pero me decanté por ese
tema porque he visto que hay cocineros que postulan la cocina
del agua, la cocina del medio ambiente y la cocina de no
sé qué y pensé: 'Voy a utilizar este
mismo procedimiento'.
Hablando de cocina, ¿qué ingredientes han
hecho falta para que surja ese 'ecologismo radical'?
Creo que sin
duda hay una cierta mala conciencia por parte de los gobiernos
de los países desarrollados de ese estímulo
constante del consumo como una forma de vivir la economía
mundial y al mismo tiempo con la conciencia de que el posible
responsable de ese deterioro del planeta es ese consumo.
Esta mala conciencia en el fondo ha obligado a hacer unas
medidas escaparatistas, de cara a la galería, pero
para hacer notar que los gobiernos hacen algo frente a esa
posibilidad, que insisto en que es una posibilidad que científicamente
no se ha demostrado. Si es verdad que la situación
es tan alarmante, no se está haciendo nada, y si
es mentira, menuda tomadura de pelo que nos hacen.
Ecología
social
Y si
ese ecologismo impostado es una nueva religión, ¿quienes
lo ponen en duda, como Els Joglars, serían los nuevos
herejes?
Tenga
en cuenta que desde siempre el mundo del teatro y en cierta
medida el mundo artístico ha tenido como base destruir
los fetiches que la sociedad va organizando, eso desde tiempos
inmemoriales. Hablamos ya de milenios. Aristófanes,
hace 2.400 años, desmontaba los dioses mitológicos
de la época. Esto forma parte de la pura ecología
social: unos tratan de hacer mitos y otros tratamos de que
no se lo crean del todo.
Las dudas
sobre el ecologismo suelen proceder de los sectores más
liberales de la economía y de las ideologías
conservadoras. 'La cena' ha recibido críticas en
este sentido por parte de los 'progres'.
En los
últimos tiempos, los 'progres', la llamada progresía,
se ha convertido en uno de los estamentos más sectarios
que existen. La acusación constante que se hace cuando
alguien no opina exactamente lo mismo que la progresía
consiste en ser tachado de fascista. Cuando uno se atreve
a poner en tela de juicio, desde el punto de vista artístico,
la llamada nueva Capilla Sixtina de Suiza por parte de Barceló,
rápidamente se convierte en un reaccionario. Esto
es puro sectarismo. Que sólo exista la corriente
de los que se califican como buenos va en contra de mi parecer.
Tengo la obligación incluso de poner en tela de juicio
a mi propio público. No se trata de que la gente
que viene a verme se ría de los que están
fuera del teatro.
Una mirada
autocrítica
Esa función
de autocrítica, ¿la realiza el teatro de forma
más eficiente que los medios audiovisuales?
De una manera
más directa, sin duda. No hay que olvidar que el
teatro actúa muy profundamente. Es decir, va a parar
a la sensibilidad y a los aspectos más profundos
de los individuos, muchas veces mucho más que el
mundo audiovisual, más vinculado a la difusión
y la información. El teatro es un arte y por tanto
consigue penetrar más profundamente en los espectadores.
Ha hecho
referencia a la cúpula de Miquel Barceló en
la sede de la ONU de Ginebra y de la falta de libertad para
poder criticar esta intervención. ¿Esa manera
de rechazar cualquier cuestionamiento es más fácil
de aplicar en la plástica o se extiende a cualquier
disciplina artística?
El mundo de las
vanguardias en el aspecto plástico ha tomado un rumbo
sin salida. Desde hace muchas décadas ha penetrado
en un mundo de incomunicación total con el espectador.
En el caso del teatro o la música, las artes que
tienen el público en directo están más
sujetas a las inclinaciones de este público.