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 ma.com 
Rijkaard se despide de la afición del Barça con una carta abierta en la revista del club

12.05.08

El entrenador holandés del FC Barcelona, Frank Rijkaard, se ha querido despedir hoy de la afición culé a través de una carta en la publicación oficial 'Barça Camp Nou' que el club distribuye a los seguidores el día de partido, en la que da las "gracias a la afición" y pide "un Barça unido" para su sucesor.
Rijkaard, que ha dirigido al club catalán durante las últimas cinco temporadas, dio las "gracias" a todos los hinchas del club por el apoyo recibido y deseó al próximo entrenador que diriga al Barcelona que se lo pase "muy bien" con la ayuda de "un Barça unido".
¡Gracias a todos! Durante cinco años me he sentido como en mi casa, aunque sabía que no lo era. Sin embargo, he tenido a mi lado a mucha gente que me ha dado todas las sensaciones y las fuerzas necesarias para pasármelo bien", alabó el holandés.
"Quiero mostrar mi agradecimiento a toda esta gente que me ha ayudado y apoyado en todo momento, agradezco también al club y a sus empleados todo el afecto recibido", afirma en la misiva.
Por último, Rijkaard deseó lo mejor a su sucesor en el banquillo culé: "Espero que el próximo que venga a vivir en esta gran casa que se llama FC Barcelona pueda pasárselo muy bien, con la ayuda de un Barça unido. Para siempre dentro de mi corazón, un cordial saludo. ¡Visca el Barça! ¡Visca Catalunya!", concluye el holandés.

Adiós al elegante técnico de la segunda "Champions"

Muy pocos entrenadores en la historia del Barça pueden presumir de un palmarés como el suyo. Frank Rijkaard (Amsterdam, 1962), que dirigirá esta noche su último partido en el Camp Nou, cinco años después de su llegada, se irá con cinco títulos -entre ellos una Liga de Campeones- y con el recuerdo de haber marcado una época, que todavía pudo ser mejor.
A Rijkaard le bautizaron como "El hombre tranquilo" por su impasibilidad ante situaciones complicadas. Siempre defendió a los jugadores y esa actitud terminó por condenarle, ante la inacción desde la junta directiva, que nunca reaccionó a las señales negativas que emitía el vestuario desde hacía tiempo. Teniendo en cuenta que Rijkaard no era el elegido para dirigir el proyecto de Laporta cuando llegó a la presidencia, la jugada le ha salido bien al Barça. Con 41 años y una experiencia limitada (selección holandesa y Sparta de Rotterdam), el técnico holandés aterrizó en Barcelona en 2003, cuando los pretendidos eran Ronald Koeman y Guus Hiddink.
El estilo de juego al que debía acogerse Rijkaard, con dos extremos fijos, se demostró ineficaz y en sus primeras navidades en Barcelona las cosas no podían ir peor para el equipo. Acosado por los malos resultados, propició la llegada de Edgar Davids en la medular, el equipo ganó equilibrio y a pesar de no conseguir ningún título, finalizó segundo en la Liga y obtuvo plaza para la Liga de Campeones.
A la guinda Ronaldinho en el primer año del proyecto se le añadieron los fichajes de Deco y Etoo para el segundo. Llegó la primera Liga y el impulso definitivo a su fútbol de creación. En su tercera temporada (2005-06), el Barça firmó una de sus mejores campañas de su historia. Ganó la Liga y también la Champions, la segunda que ha conquistado el club catalán en su historia y por la que Rijkaard será recordado.
Con la victoria en París ante el Arsenal (2-1), el entrenador del Barça entró en el libro de los récords, porque fue la quinta persona que consiguió la Copa de Europa como jugador y como entrenador. Los otros cuatro son Miguel Muñoz, Giovanni Trapattoni, Johan Cruyff y Carlo Ancelotti. En el verano de 2006, el Barça levantó su última copa con Rijkaard -la Supercopa de España- y durante la estancia de los azulgrana en Montecarlo, para disputar la final de la Supercopa de Europa ante el Sevilla, fue cuando empezó a visualizarse el declive del proyecto.
Aquel 25 de agosto el Barça cayó con estrépito a pesar de que era favorito (3-0). Ese mismo día, el club le dio permiso a Ronaldinho para participar en un acto publicitario, y la noche anterior la prensa documentó una animada fiesta en la que se celebraron los títulos conseguidos en la temporada pasada. Para muchos, en Mónaco empezó el declive del proyecto y en Tokio, donde perdió la final del Mundial de Clubes, se confirmó esta percepción.
En esa temporada (2006-07) salieron a la luz todas las grietas, no hubo manera de taparlas. Etoo encendió una hoguera con unas declaraciones contra Rijkaard y Ronaldinho por las que no fue sancionado. Como el Barça mantenía sus opciones en la Liga y en la Champions, Laporta pensó que la inercia ganadora volvería, pero no fue así. Lo que antes era una virtud de Rijkaard -blindar el vestuario-, se volvió en su contra -tapar a sus jugadores-; todo coincidió con el declive de Ronaldinho.
El Liverpool eliminó al Barça de la Champions y el Madrid de Capello se llevó una liga que los azulgrana creían suya. Rijkaard, que había pensando en abandonar, se sintió en deuda con la entidad y siguió al frente de la nave y Laporta aseguró que había tomado nota y se declaró dispuesto a acabar con "la autocomplacencia" que se había instalado en el club. Pero no fue así. Llegó Henry y el Barça completó un equipo de lujo para volver a la primera línea. Ronaldinho era cada vez más asiduo del gimnasio que de La Masía y el equipo cayó en barrena. La Champions fue lo único que le quedaba a los azulgrana, un sueño que se diluyó en Old Trafford. Aquella noche se certificó el final del ciclo Rijkaard.


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