¿Comida
o biocombustibles?, el debate apremia
01.04.08
Nestlé
afirma que la creciente industria de los biocarburantes
agudizará la hambruna en el mundo; una reflexión
que comparte la ONU
El gobierno suizo apoya dichos energéticos
en un intento por reducir la emisión de C02, generador
del cambio climático, y por frenar la extinción
de especies.
"Los biocombustibles cambiarán la historia de
la humanidad", ha afirmado contundente desde hace más
de un año el presidente brasileño Luiz Inácio
Lula da Silva. Tiene razón. Lo que no queda claro
es si será para bien o para mal.
Si los biocombustibles se convertirán en el 'aliado
verde' que busca el hombre para frenar la emisión
de gases de efecto invernadero y para reducir su dependencia
de energéticos no renovables (petróleo y derivados).
O si será más caro el remedio que la enfermedad,
y la industria biocarburante agudizará el problema
de hambruna que azota al 15% de la población mundial.
En este debate, acicateado recientemente por el gigante
helvético de la alimentación, Nestlé,
las posiciones en Suiza se encuentran divididas.
Viejos
conocidos
Aunque la palabra 'biocombustible' nos parece familiar de
sólo 15 años a la fecha, su historia es mucho
más antigua.
Rudolf Diesel diseñó, de hecho, un motor que
funcionaba con aceites vegetales y Henry Ford hizo lo propio
con un vehículo que rodaba con etanol.
Sin embargo, en los albores del siglo XX eran mucho más
abundantes y baratos los derivados del petróleo,
así que ambos proyectos fueron guardados en un cajón.
Hoy, las reglas del juego cambiaron.
Las reservas de petróleo probaron ser finitas y Europa
se comprometió a reducir 5,2% la emisión de
gases de efecto invernadero antes de 2012 -con respecto
a los niveles de 1990- para amainar el impacto del cambio
climático provocado por el hombre.
Suiza fue más lejos incluso y ofreció eliminar
10% de dichas emisiones antes de 2012. Y los biocarburantes
se perfilaron desde el principio como una solución
viable y pragmática.
Primero, porque son renovables y, en consecuencia, inagotables.
Segundo, porque las plantas son capaces de absorber con
relativa facilidad el dióxido de carbono que liberan.
Y actualmente, de acuerdo con datos de Alcosuisse –la
principal empresa productora de etanol en Suiza–,
los tres biocarburantes que más se consumen en suelo
helvético son el biogás, el etanol y el biodiesel.
Voces
a favor
El gobierno suizo está a favor de los biocarburantes.
La producción de estos combustibles recibe subvenciones
públicas para que el precio sea asequible a la mayoría
de los bolsillos. La meta es reducir la emisión de
gases de efecto invernadero en 250.000 toneladas anuales.
La cruzada de la Confederación Helvética se
incentivó en 2004, año en el que el Ministerio
de Finanzas apoyó a la Unión de Campesinos
Suizos (UCS) para echar a andar el proyecto Alcosuisse y
promovió la creación de la cooperativa Eco
Energie Etoy, ubicada en el cantón de Vaud, que produce
diesel biológico a partir de aceite de colza.
También se han tocado puertas en el extranjero para
garantizar un holgado suministro de bioenergéticos
durante los próximos 10 años.
El más importante: en febrero de 2007 la ministra
de Economía, Doris Leuthard, realizó una gira
de trabajo por Brasil en la que sostuvo un encuentro con
el presidente Luis Inácio Lula da Silva para cerrar
un acuerdo que permita incrementar la importación
de bioetanol fabricado con caña de azúcar.
De acuerdo con Leuthard, este biocarburante permitirá
a los suizos sustituir hasta un 30% del uso de gasolina
tradicional antes de 2012. Una forma de comprometerse con
el medio ambiente.
Comida
o biocarburantes...
Sin embargo, no todo el mundo coincide con la visión
del gobierno suizo. El pasado domingo (23.03), el presidente
de Nestlé, Peter Brabeck, afirmó en una entrevista
con el dominical 'NZZ am Sonntag', que los "biocarburantes
ponen en riesgo el abastecimiento de alimentos para la población
del mundo".
Si como se prevé, dijo, se cubre 20% del consumo
petrolero actual con biocarburantes, no habrá nada
qué comer dentro de algunos años.
"La decisión de algunos gobiernos de subvencionar
la producción de dichos energéticos es inaceptable
y moralmente irresponsable", añadió.
Y citó como ejemplo: "Un litro de bioetanol
exige el consumo de 4.000 litros de agua; y en general,
los biocarburantes han disparado los precios de productos
como maíz, soja o trigo".
La posición de Nestlé responde a sus intereses,
pero no es la única que marcha en este sentido.
Las cifras de la Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (FAO) a diciembre
del 2007 afirman que el año pasado los precios de
alimentos básicos aumentaron 40% en promedio en el
mundo. Y las reservas mundiales de cereales están
en su nivel más bajo en tres décadas.
El suizo Jean Ziegler, relator de la ONU para la Alimentación,
también ha puesto a girar al mundo con sus reflexiones.
Según su visión, el frenesí con el
que Brasil fabrica etanol pondrá en riesgo el medio
ambiente y también la seguridad alimenticia de la
población.
"¿Quién debe morir de hambre para que
Europa consiga que los biocarburantes representen un 10%
del combustible que usará en 2020? Producir un tanque
de 50 litros de combustible para un auto exige 352 kilos
de maíz, producto base de la alimentación
de Zambia o México", afirma Ziegler.
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