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Piden
más medios para controlar la plaga de gatos asilvestrados
22.04.08
Una superpoblación de gatos que ya es una plaga. El
gato doméstico, en su nueva condición de asilvestrado,
vive de las basuras y de la mano amiga en verano y de depredar
aves, algunas protegidas, en invierno; cuando la huida del
turista baja la disponibilidad de alimento. Los expertos consultados
advierten de que el crecimiento es exponencial y piden al
Govern más medidas y medios para evitar que la proliferación
llame al uso del veneno y a problemas serios de conservación
así como de salud pública. La esterilización
fue la primera opción en Pollença; uno de los
pocos municipios de Mallorca que intenta poner freno a la
superpoblación. En 2003, la Fundación para la
Conservación del Buitre Negro (BVCF), en el marco de
un proyecto Life de la UniónEuropea, ideó un
sistema para poner a raya a los felinos de este municipio
sin entrar en crueldades. Su verdadero ánimo era eliminar
el uso del veneno que no sólo mata a los gatos, sino
a rapaces seriamente amenazadas. Aprovechando la territorialidad
del llamado Felis silvestris catus, los técnicos del
BVCF eliminaron primero los gatos vagabundos de las áreas
naturales. Seguidamente, crearon un cinturón con más
de 30 colonias felinas controladas alrededor de estas áreas.
Se trataba de gatos previamente esterilizados y alimentados
que ejercían de barrera frente a los individuos en
busca de nuevo territorio. Según la última estimación
de este proyecto piloto, que combinaba castraciones, sacrificio
de ejemplares (positivos para enfermedades) y adopciones,
se consiguió reducir en un 65% una población
felina que partía de 443 individuos. Los resultados
fueron alentadores. Actualmente, es el Refugio de Animales
de Pollença quien ha recogido este plan en el que se
han equilibrado diferentes sensibilidades. Josefina Vivancos,
propietaria de esta instalación privada, cuenta que
se ha seguido castrando como primera opción. «Sólo
sacrificamos a los que son positivos del denominado sida felino,
entre cinco y diez al año», dice. Una red de
voluntarios alimenta a los gatos de las 30 colonias controladas
de este cinturón. Y lo hace con piensos; por lo que
se evita la comida que puede dar problemas de salubridad.
Si un vecino tiene problemas con los gatos, sólo tiene
que llamar a la asociación que asevera que el proyecto
funciona muy bien. Sin embargo, fuentes técnicas del
Ayuntamiento de Pollença afirman que el proyecto no
es la solución; pues resulta muy caro. «Podría
funcionar en otros municipios en los que los núcleos
de población están bien delimitados. Pero no
en Pollença, donde no hay una línea clara entre
suelo rústico y urbano y todo está semiconstruido,
por lo que los gatos siguen entrando a pesar del cinturón»,
dice el técnico. Una vez los turistas han abandonado
las viviendas vacacionales que hay en Pollença, con
el consiguiente adiós a las basuras, los gatos se echan
al monte. «Y acaban haciendo daño en los nidos
de gaviota patirroja o de pardela balear en Formentor. Las
víctimas ya no sólo son los pollos sino los
adultos», comenta este biólogo quien alerta de
que los felinos tendrían que ser considerados de «animales
invasores» y tratarlos como tal. Es decir, eliminarlos.
Esto es justamente lo contrario de lo que persigue la bióloga
Maxi Lange a través de su proyecto en Calvià.
A través de SOS Animal Mallorca, ha conseguido operar
a 3.579 gatos desde 2000. Concretamente, el año pasado
esterilizaron 886; lo que quiere decir que, si se considera
que cada hembra tiene dos camadas con un promedio de cuatro
crías, en 2007 dejaron de nacer 4.208 gatos. Este método
permitió, además, que sólo se tuvieran
que eutanasiar a 106 animales y enviar a la gatera a 430.
Pero Josefina alerta de que el esfuerzo que realiza el Ayuntamiento
de Calvià, el que subvenciona en parte su campaña,
es insuficiente. «Vamos demasiado poco a poco. Hay que
entrar en la zona y hacerlo de un golpe. Si en una área
no has cogido a todas las hembras, vuelves a tener el problema
al cabo de 3 años», explica. A pesar de todo,
dice haber recibido felicitaciones de los hoteleros, uno de
los colectivos más afectados por la imagen de los felinos
vagabundos. Consenso Si la campaña de 2007 tuvo un
coste de 33.951 euros, sólo 8.000 procedían
del Ayuntamiento. La cuantía restante fue aportada
por el Consell (5.000), una Fundación y la propia SOSAnimal
a través de campañas de recaudación.
La solución definitiva para el presidente de la Fundación
para la Conservación del Buitre Negro, Juan José
Sánchez, es que se aplique un plan de choque de dos
a tres años en todos los municipios. «Estamos
dispuestos a asesorar y organizar seminarios para informarles
del plan», asevera. A su juicio, su plan tendría
que venir acompañado de medidas para concienciar al
ciudadano sobre el peligro de alimentar. Otra de sus propuestas
consiste en aplicar el consenso entre la Conselleria de Medio
Ambiente, Agricultura, Sanidad, protectoras de animales, cazadores,
veterinarios y ayuntamientos. |
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