CANVI
CLIMÀTIC |
Jorge
Campos Asensi |
Aún
estamos a tiempo
13.05.08
Y entre todos lo podemos conseguir.
Si
todo el mundo que dispone de los medios para hacerlo emprende
una acción concertada para eliminar de su vida emisiones
de carbono a la atmósfera, podríamos salvar,
globalmente, nueve de cada diez especies que hoy en día
están amenazadas, limitar la magnitud de los fenómenos
meteorológicos extremos de manera que las pérdidas
en vidas humanas e inversiones fueran menores de lo que se
predice.
Para
que ello ocurra, los individuos, la industria y los gobiernos
tienen que actuar sobre el cambio climático desde ahora
mismo. Las soluciones y medidas contra el cambio climático
pueden servir para resolver cuestiones que nuestro mundo arrastra
de manera vergonzosa: las desigualdades entre el mundo rico
y el mundo pobre, o lo que es lo mismo, la desigualdad en
el acceso a la energía.
Las
emisiones de carbono altas y bajas per cápita son un
indicador de riqueza y de pobreza. La tercera parte de la
población mundial disfruta del 94% de los ingresos
totales en dólares y es responsable del 90% de los
gases de efecto invernadero emitidos a través de la
historia hasta el momento actual. Las dos terceras partes
restantes comparten sólo el 6% de estos ingresos y
el 10% de las emisiones. Si no corregimos estos patrones desiguales
de consumo, no corregiremos el consumo excesivo de hidrocarburos
fósiles, que está conduciendo al peligroso cambio
climático. Y esto tiene que “diseñarse”,
no sucederá accidentalmente.
Existe
un modelo simple para compartir internacionalmente la reducción
de las futuras emisiones de gases de efecto invernadero perfeccionando
y mejorando el actual sistema de asignaciones de derechos
de emisión establecido a raíz del protocolo
de Kioto. Se le conoce como “Contracción y Convergencia”
(C&C). Su principal defensor es el político inglés
Aubrey Meyer, experto en clima y director del Global Commons
Institute. Alienta la sencilla idea de que la única
manera equitativa de reducir emisiones es garantizar a todos
los seres humanos igualdad de “derecho a contaminar”
con gases invernadero. Al igual que ocurre con Kioto, se podría
comerciar con este derecho, aunque con C&C el volumen
de comercio es probable que sea mucho mayor.
Los
ciudadanos de los países desarrollados tendrían
que comprarle al mundo pobre suficientes créditos de
carbono para cubrir sus emisiones. Este comercio tendría
lugar entre países (no entre individuos) y representaría
una enorme transferencia de riqueza. El estímulo que
esto representa para reducir las emisiones es enorme, y ésta
es la parte de “convergencia” de la ecuación,
pues obligará a que converjan las emisiones de CO2
de todos los ciudadanos, sea cual sea su riqueza. Como el
punto al que convergen es mucho más bajo que el que
tenemos hoy en día, también representa una gran
“contracción” de las emisiones totales.
Resumiendo en palabras de la canciller alemana, Angela Merkel:
los países en desarrollo deben ser autorizados a aumentar
sus emisiones per cápita mientras los países
industrializados reducen las suyas, hasta que ambos alcancen
el mismo nivel. "Una vez que los países en desarrollo
alcancen el nivel de los países industrializados, entonces
empieza la reducción".
De
este modo, sobre la base de la evaluación actual del
peligro, puede establecerse un “techo” de dióxido
de carbono en la atmósfera equivalente, según
datos que maneja UNEP, a 450 partes por millón. A partir
de ahí, se calcula un presupuesto mundial de emisiones
y éste “contraería” a cerca de cero
para el año 2080, aproximadamente, con el fin de mantener
las concentraciones dentro de ese techo “seguro”.
En 2030 habría que lograr la convergencia en las emisiones
iguales per cápita.
Este
proceso necesitaría la creación de una moneda
de carbono que Meyer denomina Ebcus, y argumenta que se podría
utilizar una predistribución del Ebcus para financiar
tecnologías limpias y liquidar las deudas internacionales.
El plan podría acabar con la pobreza del mundo y con
la división norte-sur.
No
hay planes sin fallos, y éste puede tener la potencial
desventaja del coste inicial que tendría para los países
industrializados. También es posible que algunas naciones
en vías de desarrollo identifiquen tamaño de
la población con transferencia de riqueza, y así
se nieguen a seguir programas de planificación familiar.
Y puede que determinados grupos de presión vean “intenciones
ocultas” dependiendo de la base ideológica de
sus argumentos que por muy meritorios que sean pueden ahuyentar
a mucha gente sin cuyos esfuerzos perderemos la guerra contra
el cambio climático y/o la pobreza en el mundo. Nos
enfrentamos a una grave emergencia, es mejor centrarnos en
un solo objetivo.
Hasta
que se adopte decididamente la C&C, los ciudadanos no
podemos quedarnos de brazos cruzados. Hay que actuar ahora.
Y lo que puede hacer usted como individuo implicado es, por
una parte, reducir sus propias emisiones lo máximo
posible, ahorrar energía y, de paso, favorecer su economía
familiar, y por otra, fortalecer la determinación de
las administraciones públicas para que establezcan
planes de ahorro energético que protejan el medio ambiente,
y su bolsillo, convirtiendo esta cuestión en prioritaria
a la hora de votar. Jorge
Campos Asensi
Director Oficina Calvià por el Clima
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