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Olvidados
hoy, solicitados mañana
20.05.08
A cualquier persona que no tenga un estudiante en
la familia puede parecerle que, mayo y junio, son sólo
meses primaverales, llenos de colorido y disfrute. Pero no
es así. Mayo y junio son meses de tensión, nervios,
inquietudes e incertidumbre en el mundo estudiantil. En estos
meses, los estudiantes se la juegan. Es cuando se ponen frente
a frente a un examen. Son los exámenes de fin de curso
y deben demostrar su rendimiento. Las preguntas de los exámenes
pueden caber en un simple folio, pero el antes y el después
es un proceso largo. Antes de leer el examen, se crea una
especie de hormigueo en el estómago difícil
de dominar. Leídas las preguntas del examen, el estudiante
debe releerlas para disipar todas las dudas de interpretación.
Sabe que dispone de un tiempo limitado para contestarlas,
un tiempo que debe saber administrar. Ha de centrar sus respuestas
en lo preguntado, evitando divagar. Sabe muy bien que difícilmente
los profesores darán como válida una respuesta
ajena a lo preguntado. El escribir para “rellenar”
suele ser negativo, incluso cuando “se responde a más
a más”. La concisión puntúa mucho.
Para el estudiante, la entrega del examen contestado le supone
muchas cosas. Si es el último curso y si su impresión
ha sido buena, soñará que cesa en el mundo estudiantil
y que ha de introducirse en el mundo laboral en un trabajo
afín a su especialidad, si ello es posible. Si se trata
de un curso intermedio, sabe que no puede bajar la guardia
y que el próximo curso todavía habrá
de esforzarse más.
Salvo su familia, poca gente se interesará por sus
estudios. Si alguien ajeno pregunta, lo hace referente a los
resultados del examen pero nunca para valorar el esfuerzo
hecho.
La sociedad se olvida de los estudiantes durante los estudios
universitarios. Has de haber sacado matrícula de honor
en las asignaturas y ser tú el que informa al grupo
municipal, para que se hagan contigo la foto de rigor. Pero
si tú no eres quien informa o tu nota no es sobresaliente,
quedas en el rincón de los olvidados.
Ahora bien, si el joven no es estudiante pero es un deportista
y destaca, ahí se vuelca todo el mundo. Todos quieren
una foto junto a él y están dispuestos a invertir
en instalaciones para “que no tenga que ir hasta Palma
para entrenar”. Pero eso ya ocurría durante el
Imperio Romano. ¿Cuántos aurigas eran ensalzados
y llevados a Roma desde provincias, para lucirse en los estadios
romanos, de los cuales, hoy nadie, recuerda su nombre?
No te preocupes futuro licenciado que, de ti, nadie se compadecerá
si has de desplazarte cada día a Palma para trabajar.
De hecho mucha gente lo viene haciendo desde hace mucho tiempo
y nadie se preocupa. Ya podrán los Ayuntamientos dar
concesiones de obra, de suministros, de agua por ejemplo,
que no se acordarán de establecer con las empresas
concesionarias un pacto donde éstas se obliguen a permitir
a los licenciados locales realizar, al menos, las prácticas
en dichas empresas. Habrás de solucionarte tú
la vida.
Pero ese olvido, con el tiempo, se invierte. Surgirá
la necesidad de buscarte. Si te has licenciado, por ejemplo
en medicina basta con que consigas una plaza en un hospital
público, tras realizar el MIR, con tu esfuerzo por
supuesto, serás buscado descaradamente cuando un conocido,
aunque sea lejano, tenga algún familiar enfermo. Lo
mismo se dará si consigues plaza de juez, de arquitecto,
ingeniero, profesor o similar. Lee las “cartas al director”,
en cualquier diario, y verás como se utilizan para
“dar las gracias al equipo médico del hospital
X por las atenciones tenidas durante el internamiento de mi
anciano padre”, por ejemplo. Difícil será
ver una carta dando las gracias a un deportista, aunque sea
de elite, en razón de una atención dispensada.
Los olvidados de hoy seréis los solicitados mañana.
Esa es vuestra gloria. De los aurigas nadie se acuerda. |
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