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LLENGUA |
Juan
Luis Calbarro |
Una
persecución intolerable
09.06.08
En la actual polémica lingüística
entre el Gobierno social-nacionalista de las Islas Baleares
y la compañía Air Berlín estamos alcanzando
cotas de absurdo impensables en cualquier país civilizado.
Recordemos los hechos: el Govern, a través de su directora
general de Política Lingüística, Margalida
Tous, insta por escrito a la compañía aérea
a fomentar el catalán entre su personal a fin de que
las azafatas se dirijan a sus pasajeros en el idioma de Llull.
El director general de Air Berlín, Joachim Hunold,
contesta a esta impertinencia mediante un editorial de la
revista que edita, en el que se lamenta de que el castellano
sea tratado en Baleares como “una lengua extranjera
más”, se pregunta si también deberán
dar cursos de vasco y gallego puesto que Air Berlín
vuela a Bilbao y a Vigo y, en definitiva, se niega a asumir
la propuesta de normalización lingüística
de la comisaria Tous, una negativa que reitera, junto con
su respeto hacia los catalanohablantes, el responsable de
la compañía para España y Portugal, Álvaro
Middelmann.
La
reacción no se hace esperar: Carod-Rovira (el líder
oficial del separatismo catalán) y el presidente Montilla
(su colaborador) apoyan la iniciativa de sus amigos baleares
por medio de una carta en que la Generalidad recuerda a Air
Berlín que opera en seis aeropuertos de los Països
Catalans; la Plataforma per la Llengua (una asociación
separatista) llama al boicot contra Air Berlín; el
Lobby per la Independència (una banda xenófoba
que sobrevivió a las últimas glaciaciones en
Mallorca) llama a Hunold “puta nazi boig” o “nazi
subnormal”, y a Álvaro Middelmann “fatxa
foraster madrileny”; Joves de Mallorca per la Llengua
(una plataforma juvenil separatista) organiza una manifestación
ante la sede de la empresa; el diario Avui echa leña
al fuego y publica, entre otras cosas, que el 94% de sus lectores
(muy escasos, como todo el mundo sabe, pero casi todos separatistas)
exige disculpas de Air Berlín; Joan Puig, exdiputado
de ERC (y por tanto separatista), difunde en su blog un montaje
fotográfico en que se mezcla el logo de Air Berlín
con la svástica y propone hacer google bombing con
él; la Obra Cultural Balear (un chiringuito separatista
muy bien montado), por medio de su inefable Oficina de Derechos
Lingüísticos, propone también bombardear
la dirección de Air Berlín con un mensaje en
el que, conforme a su habitual estilo subvencionable, no recurre
al insulto; y, en fin, todo el submundo catalanista se esfuerza
por presentar la inaudita intromisión de la comisaria
Tous en los asuntos privados de una compañía
privada como si fuese un ataque (“atac nazi”)
de ésta contra el catalán y los catalanohablantes,
lo cual es radicalmente falso.
(Hay
que apuntar, porque nunca está de más, que toda
esta ruidosa campaña se hace fundamentalmente con el
dinero del contribuyente. No hace falta decir de quién
cobran Tous, Carod o Montilla; la Plataforma per la Llengua,
la Obra Cultural Balear y Joves de Mallorca per la Llengua
están generosamente subvencionados por los ejecutivos
catalán y balear, Avui sobrevive exclusivamente gracias
a las subvenciones y la publicidad institucional; y Joan Puig
vive o ha vivido de los presupuestos públicos. Pero
no es nada nuevo: ya deberíamos saber que toda campaña
separatista en España se hace con cargo al dinero de
nuestros impuestos.)
En
este ambiente exento de presiones, como hemos podido comprobar,
el presidente de Baleares, Francesc Antich, insiste hoy en
que el Govern se reunirá con Air Berlín para
tratar este asunto de normalización del catalán.
Según Europa Press, Antich opina que “el Ejecutivo
tiene la obligación de ir avanzando en la normalización
lingüística” y esto no es incompatible con
el fomento del turismo o las buenas relaciones con las empresas;
es algo “que se tiene que hacer, se debe llevar a cabo
de común acuerdo y hablando entre todos”.
Recapitulemos.
1. La comisaria Tous envía un requerimiento improcedente
a Air Berlín para que ésta se dirija a sus pasajeros
en catalán (una aspiración que hasta el momento
no parecía un clamor popular). 2. Air Berlín
contesta educadamente que no comparte ese punto de vista y
que como se trata de una compañía privada y
no presta un servicio público aplicará sus propios
criterios. 3. El separatismo catalanista en pleno le echa
sus perros rabiosos y subvencionados, que insultan, muerden
los tobillos y se esfuerzan por poner contra la pared a los
directivos de Air Berlín. 4. En este punto interviene
el presidente Antich, pone cara de buena persona y afirma
que, puesto que, nos pongamos como nos pongamos, la normalización
es algo que se debe hacer, será mejor (dado el ambiente
que una directora general de su gobierno y sus socios en el
mismo se han encargado de crear) que lo hagamos por las buenas
y hablando. ¿La vieja táctica del poli malo
y el poli bueno?
Pero
Antich, por más que lo repita, miente: la normalización
no es algo que se tiene que hacer. Es un mecanismo uniformador
esencialmente perverso, que tiene por objetivo modificar las
dinámicas sociales en torno al lenguaje y la mitología
separatista y que por supuesto no es obligación de
ningún gobierno, sino una elección libre y basada
en presupuestos ideológicos o estratégicos.
Cuando alguien quiere presentarnos su propia decisión
como una obligación ineludible, hemos traspasado una
línea peligrosa, la misma que traspasamos cuando consideramos
los asuntos privados de una empresa privada objeto de regulación
pública: la del totalitarismo. Porque aquí,
entendámonos bien, la única obligación
que tiene el presidente Antich, o que ha decidido tener, es
la de cumplir sus compromisos con los cinco partidos radicales
que le permitieron alzarse con el poder habiendo perdido las
elecciones, cinco partidos minúsculos que van desde
el oportunismo puro y duro –aunque en cada caso por
diverso motivo– de Unió Mallorquina o Izquierda
Unida hasta el separatismo recalcitrante del PSM o ERC; cinco
partidos en sí prácticamente irrelevantes, pero
que reunidos en torno al PSOE de las islas invalidan el 47%
de los sufragios que recibió en las autonómicas
del año pasado el PP, cuyos dirigentes, si les queda
decencia, se estarán arrepintiendo hoy de las leyes
normalizadoras que aprobaron en el pasado.
El
presidente Antich podría optar también por cumplir
sus compromisos con la Constitución respecto del castellano,
o con el sentido común, o con el sentir infinitamente
mayoritario de los mallorquines, que asisten a este espectáculo
de sus políticos tan ajenos e impotentes como al espectáculo
de corrupción desbocada que los juzgados van destapando
con cuentagotas durante los últimos meses. Pero no:
Antich prefiere conservar el poder, aunque esto sólo
le haya servido para promulgar tres leyes en todo un año
parlamentario, y para ello tolera y defiende que los radicales
a quienes ha entregado el control de las áreas de gobierno
relacionadas con la cultura y la llamada política lingüística
presionen de manera intolerable a una empresa que genera en
Baleares mucha más riqueza de la que ellos sabrán
generar nunca. Espero que los abogados de Hunold y Middelmann
encuentren viable esa querella que están estudiando
y que Air Berlín le caiga encima a los responsables
de esta persecución vergonzosa con todo el peso de
la ley. Entre tanto, aquí tienen mi modesta solidaridad
con la compañía, y también mi tristeza:
pobre España. |
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