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"El tren que no perdí", de Andy Summers

30.06.09
- El guitarrista que aquí nos relata su accidentada trayectoria en el mundo de la música saboreó con The Police las estupefacientes mieles de un éxito pocas veces igualado, pero ni la fama ni la adulación lograron nublar su a menudo despiadada lucidez. Desde el primer encuentro con el instrumento que marcaría su vida hasta el apoteósico final del grupo que lo había elevado a los altares, Andy Summers vivió en primera línea de batalla (y a ambos lados del Atlántico) un período mítico para la imaginación popular contemporánea: por las páginas de este libro cargado de anécdotas chispeantes desfila una pintoresca tropa de extravagancias más o menos anónimas junto a sujetos como Jimi Hendrix, Eric Clapton, Eric Burdon, John Belushi, Neil Sedaka y, naturalmente, Sting, figura visible de la aventura y sumo sacerdote de la farsa.

El tren que no perdí es la sorprendente y en ocasiones conmovedora autobiografía de un músico cuyo talento rebasa los límites de las grabaciones o los conciertos: aparte del prestigio que se ha ganado como fotógrafo en numerosas exposiciones, la lectura de estas páginas, a un tiempo ácidas y melancólicas, nos revela que se trata también de un escritor capaz de describir ambientes, situaciones y personajes con una inesperada maestría.

Abundan las biografías de estrellas del rock, generalmente escritas por periodistas más o menos profesionales o incluso por meros fanáticos que logran consagrar su devoción al ídolo de turno mediante la publicación de su "esbozo" biográfico. Menos frecuente es que los músicos de rock tomen la pluma y desgranen sus vivencias personales para compartirlas con un público lector. Más raro aún es que un músico de rock logre relatar su vida de forma amena, apasionante y talentosa. "One train Later", el ensayo autobiográfico de Andy Summers, publicado en español con el título "El tren que no perdí" aparece como una rara joya que puede disfrutarse en todo sentido, plena de humor, sabiduría de carretera y de biblioteca y años y años de incesante búsqueda musical.

El libro es presentado como un largo y meditativo "flashback", previo al último concierto de The Police en el Shea Stadium en 1983. La infancia y la adolescencia de Summers resultarán familiares para cualquiera, con sus ilusiones, sus juegos, sus inesperados y a veces siniestros descubrimientos sobre el mundo "adulto" que lo rodea. Y por supuesto, el primer encuentro con la guitarra, las tempranas influencias y búsquedas musicales y su firme determinación de distanciarse todo lo posible de cuanto pudiera acercarse a un cliché musical. Summers habla de Eric Clapton y de Jimi Hendrix con admiración y afecto, pero deja muy clara su decisión de tomar distancia de la autopista musical que ambos recorrían. Sin ningún atisbo de pedantería o suficiencia, Andy busca a sus mentores entre la gente del jazz: Miles Davies, John Coltrane, Wes Montgomery, Kenny Burrell... extrañas influencias para quien terminaría siendo el guitarrista de lo que originalmente era un proyecto de grupo "punk".

Los míticos "años sesenta", el "verano de amor", el "hippismo", el "flower-power" y cómo no, las drogas y el LSD aparecen en el relato de Summers, que retrata la época como el fotógrafo que es, con una notable lucidez que le impide caer en falsas idealizaciones y mostrándonos las facetas tontas, absurdas, banales y oscuras del fenómeno, que las hubo.

En los 70' Summers se convierte en una figura al principio errante y luego solicitada en el mundillo impreciso de los "sesionistas", siempre con la inquietud de que en "alguna parte" debe estar lo que busca. Y luego, en el último tercio del libro, empieza “La Historia”, luego de su encuentro con Stewart Copeland y por supuesto, Sting. El tren al que alude el título es real y a su vez una metáfora: si bien los músicos ya se habían conocido, e incluso habían tocado juntos en varias ocasiones, Summers atribuye a ese encuentro en particular con Copeland en el andén del metro el momento en que el Destino realizó el viraje.

A estas alturas, a nadie sorprende confirmar que, efectivamente, el ego de Sting alcanzó proporciones desmesuradas y que The Police fue, además de muchas cosas, su trampolín personal hacia el éxito. Pero Summers relata todo con la calma y la mesura de un veterano de guerra cuyas heridas ya no sangran. Más dolorosa que la batalla contra Sting resultó para él la separación de su mujer y su hija, aunque luego, como un increíble "happy end", ambos se reconcilian y vuelven a reunirse.

¿Logró el guitarrista Andy Summers alcanzar aquello que buscaba? Cedámosle la palabra en el momento aquel en que graba la inconfundible, emblemática guitarra de "Every breath you take":

"Con esta frase musical hago realidad un sueño que puede que haya albergado desde que tuve por primera vez una guitarra siendo un adolescente: hacer algo, por lo menos una vez en la vida, que dé la vuelta al mundo, crear una frase que sea tocada por guitarristas en cualquier parte... ¿Llegas a superarlo realmente alguna vez? Puede que no y puede que sea éste el punto donde debería acabar la historia, conmigo aquí de pie, sonriendo como un idiota, sintiéndome un héroe y sencillamente feliz por haber hecho algo que ha gustado."

La historia, desde luego, no termina aquí. The Police se ha reunido recientemente y con el paso del tiempo, el buen vino se ha añejado bien. Parafraseando la canción, “cada pequeña cosa que Andy hace es mágica”, no hay ninguna duda; y es un gusto comprobar que su habilidad, su talento y su sinceridad alcanzan también a su palabra escrita.
El libro cierra con estas frases:

"En la música, los instantes más intensos se producen cuando conectas con los demás músicos, cuando vuelas, cuando acaricias el espíritu de las notas y el público está allí contigo. Sting, Stewart y yo vivimos momentos como esos muchas veces. La música permanece."


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