El español, un filón huérfano de prestigio
01.01.09
Es la cuarta lengua más hablada del mundo,
idioma oficial en 18 países y el más estudiado
tras el inglés - Vale mucho (15% del PIB nacional),
pero le falta el pedigrí de la relevancia internacional.
Un
adverbio no tiene precio. Ni errar con las tildes trastoca
la economía. No se paga por hablar (con las sabidas
excepciones) ni se cobra por escribir un correo electrónico.
El adverbio, las tildes, el habla o la escritura forman parte
de un conglomerado llamado idioma, que no está en la
lista de la compra ni en las cuentas de resultados. Sin embargo,
pesa en la economía. Como el turismo o la compra de
viviendas. Con un inconveniente: es un recurso de difícil
medición económica. Y una ventaja: vadea las
crisis con resuello. En estos tiempos, disponer de un recurso
que cotiza al alza sin ingenierías contables puede
considerarse un tesoro. O un activo.
El castellano es un bien cuyo valor aumenta con la cifra
de usuarios
Guillermo Corral: "Sin una oferta de calidad en Internet,
no daremos el salto"
El alemán y el francés pierden matrículas
en Estados Unidos
La inversión en tecnología refuerza el uso
del inglés en la ciencia
El español
lo es. Lo hablan 441 millones de personas, es lengua única
en 18 países (y cooficial en otros tres) y el segundo
idioma más estudiado del mundo (sólo detrás
del inglés). Hay negocios de enseñanza y potentes
sectores (editorial, audiovisual, discográfico...)
que lo usan como materia prima básica. Y más
allá de lo obvio, hay otros ámbitos económicos
influidos por las palabras en común: las exportaciones
y la internacionalización de las empresas españolas
en América Latina, el trasiego de inmigrantes latinos
hacia España o las oportunidades profesionales que
se abren en países como Estados Unidos.
Sobre
todo ello planeó un gran desconocimiento. "No
se ha sido muy consciente, pero conseguir datos fiables
cuesta y es ahora cuando tenemos datos objetivos para saber
que el español está ahí. Los ingleses
hace mucho que lo descubrieron", reflexiona Carmen
Caffarel, la directora del Instituto Cervantes, uno de los
organismos que, desde su creación en 1991, ha buceado
más en el estudio del español y su proyección
internacional.
La preocupación
por su peso económico es incluso más reciente,
y tal vez un mecanismo de supervivencia. En tiempos en los
que el conocimiento sin utilidad práctica está
en retroceso, la lengua adquiere más proyección
con los defensores de su rentabilidad que con los filólogos
que la desmenuzan. El primer estudio que puso números
a las letras se publicó en 2003. Dirigido por Ángel
Martín Municio, concluyó que el valor del
español equivalía al 15% del PIB, una cuenta
que salía de considerar al idioma como un input que
se incorporaba a todos los bienes y servicios finales producidos
en España.
En la
investigación más reciente, Valor económico
del español: una empresa multinacional (2008), dirigida
por los economistas José Luis García Delgado,
Juan Carlos Jiménez y José Antonio Alonso,
se aportan novedades en los datos -a la lengua se le atribuye
el 16% de la ocupación laboral- y en el punto de
vista: su valor económico es dinámico, no
un mero porcentaje del PIB.
Analizarlo
no es fácil. "Se trata de un activo inmaterial
-intangible, por tanto-, dotado de importantes externalidades,
incapaz de ser apropiado por los agentes económicos
que acceden a su uso, que carece de costes de producción
y que no se agota al ser consumido", enumera el catedrático
de Economía Aplicada José Luis García
Delgado en un artículo incluido en el libro El español
de los De ahí, su marco doctrinal: "La lengua
es un bien público cuyo valor aumenta conforme crece
el número de quienes la hablan y de su capacidad
para servir de medio de comunicación internacional".
Es,
pues, incuestionable la valía de un idioma hablado
por 441 millones de personas. Y también su utilidad
como medio internacional de comunicación, teniendo
en cuenta que 18 países lo tienen como lengua oficial.
Si es
un bien que se revaloriza conforme crece el club de personas
que lo emplean, como sostiene el economista Juan Carlos
Jiménez, las perspectivas futuras resultan de lo
más halagüeñas. Basta detenerse en lo
que está a punto de ocurrir en Brasil, el país
que ha abrazado al español con más empeño
institucional. En pocos años lo hablarán 11
millones de brasileños gracias a la decisión
del Gobierno de incluirlo en todas las escuelas como lengua
optativa, lo que como medida directa ha disparado la demanda
de profesores de español en el gigante suramericano.
La segunda
locomotora del español en el mundo es Estados Unidos,
no por a es Estados Unidos, no por apoyo institucional como
en el caso anterior, sino por el empuje demográfico
de los emigrantes latinos. Es ya el segundo país
con más hispanohablantes después de México.
En la Enciclopedia del español en Estados Unidos
se prevé que los 44 millones de hispanos que vivían
en el país en 2006 se multiplicarán hasta
132 millones en el año 2050.
Otro
indicador de interés es la evolución de la
demanda de lenguas extranjeras en las universidades estadounidenses:
mientras retroceden lenguas tan prestigiadas como el francés
o el alemán (han perdido respectivamente 66.000 y
39.000 matrículas desde 1990 hasta 2006), el español
se ha disparado (en ese periodo ha ganado 289.000 matrículas).
"Conviene, sin embargo, no dejarse llevar, como sucede
tantas veces en España, por una especie de entusiasmo
estadístico", ataja el escritor Antonio Muñoz
Molina, quien dirigió el Instituto Cervantes en Nueva
York. Tanto en artículos como en intervenciones,
Muñoz Molina enfría el júbilo numérico.
Asegura que el español vive en Estados Unidos una
situación paradójica, lo que explica que pese
al boom poblacional se hayan cerrado las dos únicas
librerías de español que había en Nueva
York.
"Su
peso demográfico no se corresponde ni de lejos con
su importancia cultural, de modo que a la buena noticia
sobre su pujanza y sobre la demanda de su aprendizaje debe
contraponerse un cierto escepticismo sobre su futura relevancia
social, cultural e incluso política", escribió
el escritor en un artículo para el Instituto Cervantes.
A realzar su prestigio no ayuda -se queja el escritor-la
escasa calidad de TVE Internacional, nada que ver con la
parrilla exterior de la BBC. Quienes se zafan de la autocomplacencia
por la cantidad, citan varios agujeros negros del español.
No es una lengua científica. Gerardo Delgado, presidente
de la Federación Iberoamericana de Sociedades de
Física, recuerda que lo fue el Siglo de Oro, coincidiendo
con las innovaciones científicas desarrolladas en
España. "Un elemento esencial en la importancia
del inglés como lengua científica", expone,
"es la inversión que hacen los países
que utilizan este idioma en ciencia y tecnología".
Y hay
más rotos que zurcir. Como Internet. "¿Cuál
es el nivel de desarrollo del software en español?
¿Cuál es el volumen de publicaciones de libros,
revistas científico-técnicas y prensa especializada?
El verdadero desarrollo del español como lengua globalmente
aceptada y extendida está por llegar", indica
Francisco Pérez Navarro, presidente de la Federación
Española de Escuelas de Español como Lengua
Extranjera (Fedele).
Aunque
el español ocupa el tercer lugar en Internet en cuanto
a usuarios que demandan páginas en este idioma, por
detrás del inglés y del chino, la cantidad,
como ya se ha visto tantas veces, no lo es todo. No, al
menos, para el director general de Políticas e Industrias
Culturales del Ministerio de Cultura, Guillermo Corral.
"Si el español quiere realzar su potencial tiene
que conquistar Internet. Si no hay una oferta cultural de
calidad en Internet, nunca conseguiremos que se dé
el salto cualitativo, y aquí nos encontramos con
el problema de la piratería", avisa. Corral
cita el ejemplo de la industria editorial española:
"Es la cuarta más grande del mundo con una proyección
espectacular, pero tendría que migrar al entorno
digital en tres años. Esa transición se desincentiva
si no garantizamos que se va a producir un retorno de la
inversión".
Los
idiomas, afirma el economista José Luis García
Delgado, poseen un valor filológico, cultural, político
y económico. Pesan según los hablantes, pero
también según los usos. El español
ha superado la batalla de los números, pero tiene
pendiente convertirse en una de las lenguas de referencia
mundial en el campo de la diplomacia, la cultura, la ciencia
y las nuevas tecnologías. El toque del pedigrí.
237.000 turistas idiomáticos
en la patria de la eñe
El año
1492 no sólo acogió hazañas geográficas
y convulsiones políticas. También fue el año
en el que un catedrático andaluz, que trabajaba en
la Universidad de Salamanca, creó las primeras normas
del castellano. Una aventura tan colosal como que un europeo
encontrase un continente. Antonio de Nebrija urdió
la primera gramática del castellano. No sólo
eso. También redactó una Gramática
del español como lengua extranjera, que, en sus propias
palabras, estaba pensada para "los pueblos bárbaros
sometidos, los enemigos de nuestra fe que tienen ia necessidad
de saber el lenguaje castellano y todos aquellos que tienen
algún trato i conversación en españa
i necessidad de nuestra lengua". Nebrija fue sin duda
un erudito visionario, aunque su vanguardismo no encontró
continuadores constantes. Desde el siglo XV, la enseñanza
del español ha vivido entre claroscuros y altibajos.
Una
inestabilidad que parece disiparse en las últimas
décadas, conforme se aprecia su ancha veta económica.
Incluso Turespaña ha olfateado su potencial y ha
comenzado a mimar el turismo idiomático. Porque no
se trata de calderilla. En 2007, España ingresó
462,5 millones de euros gracias a los extranjeros que vinieron
a estudiar español. Cada uno se gasta de promedio
1.950 euros entre cursos, alojamiento, manutención
y ocio. Salamanca, Sevilla, Cádiz, Málaga,
Granada, Valencia, Alicante, Barcelona y Madrid despuntan:
acogen el 72% de los 600 centros de enseñanza de
español.
Alemanes
(23%) y estadounidenses (13%) son los alumnos más
frecuentes, seguidos de franceses, italianos y británicos.
Cada vez llegan más: los 130.000 estudiantes de 2000
son 237.000 siete años después. Un camino
de éxito en el que, como en todo, hay un pero. "En
el poderoso mercado americano estamos perdiendo año
tras año cuota de estudiantes que vienen a España
a favor de otros destinos", advierte el presidente
de la Federación Española de Escuelas de Español
como Lengua Extranjera (Fedele), Francisco Pérez
Navarro.
México,
Costa Rica, Argentina y Chile son, según Turespaña,
los principales competidores en la captación de turistas
idiomáticos. Pérez Navarro considera urgente
que la promoción en el extranjero se unifique entre
todas las instituciones, que se reconozcan por las universidades
estadounidenses los certificados de estudios del Instituto
Cervantes o que se agilice la tramitación de visados
de estudios. Con estos esfuerzos, prevé que se duplique
la cifra de turistas idiomáticos.
|