Las selvas tropicales absorben más CO2 del que se pensaba
Un
estudio prueba la función de los bosques maduros en
la regulación del clima
10.03.09
- A quienes
buscan una solución al cambio climático la naturaleza
le ofrece una que está inventada y que sale gratis:
los árboles. Un estudio publicado en la revista científica
'Nature' prueba que los bosques tropicales son un almacén
de CO2 más eficaz de lo que se creía.
En las
últimas décadas, los gigantes de la selva
están creciendo a un ritmo más rápido
y también ha aumentado la cantidad de dióxido
de carbono que sacan de la atmósfera. Como es sabido,
las plantas toman CO2 del aire para crecer, incorporando
el carbono (C) a sus tejidos y devolviendo el oxígeno
(O). Esto hace que funcionen como lo que se llama un 'sumidero
de carbono', pues ese elemento permanece fijado en forma
de madera.
Lo que
ha sorprendido a los investigadores es constatar que la
fijación de carbono también ocurre en los
bosques maduros, lo que solemos llamar selvas vírgenes.
Durante tiempo se pensó que en los bosques maduros
se daba un equilibrio en el intercambio de materiales. Los
árboles jóvenes crecen más que los
ancianos y en los bosques muy antiguos era tanto el carbono
que se fijaba por el crecimiento como el que se liberaba
al morir ejemplares.
Pero
esta idea provenía de observaciones en áreas
templadas. Al parecer, el trópico es distinto. Trabajos
en las selvas de América y Asia habían demostrado
que allí los bosques viejos capturan carbono con
toda rapidez. Ahora, se ha probado que lo mismo ocurre en
África.
Para
verificarlo, los autores han medido periódicamente
el crecimiento de 70.000 árboles situados en 79 áreas
vírgenes de 10 países africanos. Las series
de datos llegan a 40 años. De este modo, han constatado
que los árboles de las selvas maduras atrapan cada
año unas 0,6 toneladas de carbono por hectárea.
Simon
Lewis, experto en clima de la Universidad de Leeds que ha
dirigido el estudio, declaraba al diario The Guardian: «Estamos
recibiendo un subsidio gratuito de la naturaleza. Los árboles
tropicales están absorbiendo el 18% del CO2 proveniente
de la quema de combustibles fósiles que el hombre
añade a la atmósfera cada año, y están
suavizando el ritmo del cambio climático».
Para
Lewis, la cantidad de dióxido de carbono absorbida
por las selvas tropicales vírgenes se eleva a 4.800
millones de toneladas anuales, que es la quinta parte de
todas las emisiones producidas al quemar combustibles fósiles.
El cálculo
proviene de multiplicar la superficie de selvas tropicales
del mundo por el ratio de fijación tropical de C02
obtenido en el estudio. Es sólo una estimación,
pero muestra la importancia de las selvas para el clima.
Por ello los autores piden que los bosques sean tenidos
en cuenta en los tratados internacionales sobre clima. El
Protocolo de Kioto no tiene mecanismos para retribuir la
conservación de las selvas, pese a que muchos países
tropicales han pedido algún tipo de recompensa por
hacerlo.
Diversas explicaciones
Lo que no tienen claro los investigadores es por qué
los bosques tropicales están creciendo tanto. Una
explicación sería que se benefician del aumento
de CO2 atmosférico acelerando su metabolismo. En
ese caso, la falta de otros nutrientes, como el el nitrógeno
del suelo, podría hacer que el rápido crecimiento
actual fuera un espejismo pasajero.
La otra
posible solución es que los bosques que llamamos
vírgenes no lo sean tanto y, en realidad, estén
recuperándose de transformaciones naturales o artificiales
de siglos pasados. Es decir, que aunque a simple vista parezcan
venerables selvas intocadas, aún se comporten como
jóvenes bosques que evolucionan rápido tras
una alteración. Sea como sea, la cuestión
es que la ciencia ha probado la función que desempeñan
las selvas maduras para modular las alteraciones atmosféricas
causadas por el hombre. Un motivo más para elegir
muy bien qué madera usamos en nuestros muebles o
nuestros parqués.
Las cifras del estudio
Se ha
trabajado en 79 zonas de 10 países distintos de África:
Gabón, Camerún, República Democrática
del Congo, Tanzania, Ghana, Nigeria, Liberia, Uganda, República
Centroafricana y Costa de Marfil.
El estudio
se ha llevado a cabo midiendo el cambio de tamaño
de hasta 70.000 árboles con diversas mediciones anuales
de su perímetro. Se han manejado series de datos
de 40 años.
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