 |
|
|
|
|

Las
fronteras nacen en la escuela
10.04.08
Una investigación constata que los alumnos españoles
e inmigrantes se relacionan poco en el aula y que los de origen
extranjero están menos integrados
Los alumnos latinoamericanos se integran mejor que
sus compañeros de Europa occidental en el aula: un
idioma y una religión comunes juegan a su favor. Los
europeos del Este sufren más rechazo para trabajar
pero son algo más populares como compañeros
de juegos. ¿Los que más problemas de integración
presentan? Magrebíes y africanos. Los españoles
son, con diferencia, los que más estatus tienen, y
también los más endogámicos, o exclusivos:
miran más a su grupo a la hora de elegir con quién
hacer una tarea o ponerse a jugar.
Más de 600.000 extranjeros conviven cada día
en las aulas con los españoles, pero no parece que
se integren mucho, a tenor de los resultados de una investigación
dirigida por Mariano Fernández Enguita, catedrático
de Sociología de la Universidad de Salamanca. Especialmente
cuando los extranjeros representan un porcentaje alto en el
aula: tal tesitura hace que aumenten sus posibilidades de
relación aunque los nativos sigan siendo un muro impermeable.
La excepción vuelven a ser los magrebíes y africanos.
"Probablemente, el aumento de alumnado inmigrante implica
que los magrebíes-africanos tienden a formar grupos
aún más cerrados y a suscitar más rechazo
entre los de otros orígenes, incluidos los no españoles",
reza el estudio.
Dice Fernández Enguita que la correlación entre
mayor porcentaje de inmigrantes y endogamia refuerza la idea
de que 1) "Deben evitarse los guetos" y emprender
un reajuste más equilibrado del alumnos extranjeros
y autóctonos en los centros de la red pública,
y 2) "Los guetos pueden ser buscados por las propias
minorías para lograr inmediatamente mejores relaciones,
aunque eso dificulta la integración con el global de
la sociedad".
A este docente le interesaba conocer cómo funcionaban
las relaciones sociales entre escolares dentro de un aula.
Unas relaciones clave si se tiene en cuenta que "la escuela
pasa por ser una fábrica de integración para
los descendientes de familias inmigrantes". Y que es
en los colegios, según los expertos, donde se planta
el germen de las relaciones sociales en el futuro.
¿Favorece la escuela realmente la inclusión?,
¿o la mera coexistencia no hace más que cubrir
con una ilusión de contacto lo que en realidad es una
dinámica de exclusión? ¿Favorece la relación
entre los grupos?, ¿o refuerza que cada cual se vuelva
hacia el suyo? Con estas preguntas en mente, el profesor y
su equipo recabaron información, mediante encuestas,
en clases de 6º de primaria y 3º de Educación
Secundaria Obligatoria (ESO) de 64 centros de Madrid, Extremadura
y Castilla y León. Los resultados se han publicado
en la Revista de Educación bajo el título ¿Fronteras
en las aulas? Contacto transcultural y endogamia en las interacciones
del alumnado.
"Sentar juntos a un español, a un polaco y a un
marroquí no es suficiente, no basta con crear el ambiente.
Hay que desarrollar iniciativas que animen a conocer al otro
y rompan la tendencia natural a mantener relaciones más
estrechas con gente parecida a uno mismo", opina Carmen
González Enríquez, profesora de ciencias políticas
de la UNED y especialista en inmigración: "Hasta
ahora la escuela no se había preocupado por las relaciones
sociales de sus alumnos". Pero quizás debiera
empezar a hacerlo si la cuestión étnica puede
suponer en un futuro que "esos grupos formen sociedades
diferenciadas, lo que sería un freno a la integración
social".
Esta experta realizó un estudio sobre adolescentes
en el distrito madrileño de Villaverde, con alta concentración
de población inmigrante. Los resultados fueron "preocupantes":
"Había una clara separación por orígenes
nacionales, tanto en el instituto como en la calle".
Y agrega que el hecho de que las distintas etnias se relacionen
socialmente por separado en la escuela supone, "un indicio
y un pronóstico de que lo harán fuera".
Y el riesgo de llegar a una "población fragmentada
según nacionalidades".
"El aula refleja la realidad exterior, así que
más que preguntar qué está haciendo la
escuela deberíamos plantearnos qué estamos haciendo
en la sociedad", matiza Lorenzo Cachón, presidente
del Foro para la Integración Social de los Inmigrantes.
Dicho esto, pide para el sistema educativo, por la parte que
le toca, más recursos, más formación
del profesorado y más compensatoria.
"La inmigración en las escuelas supone exigencias
pero está lejos de constituir un problema irresoluble
y catastrófico", tercia Joaquín Arango,
director del Centro de Estudios sobre Ciudadanía y
Migraciones de la Fundación Ortega y Gasset. Plantea
una sociedad futura "más diversa y multicultural,
con una proporción de personas de origen inmigrante
de entre 15% y 20%. Es posible que eso dé lugar a fricciones
o tensiones, pero la sociedad está haciendo un gran
esfuerzo por acomodarse a la nueva realidad", asegura.
"Lo estamos haciendo razonablemente bien", remacha
Cachón.
El estudio dirigido por Fernández Enguita no detecta
diferencias de conflicto entre Primaria y Secundaria, aunque
aparentemente los problemas se disparen en la adolescencia.
Constata más desigualdad y endogamia en el aula, "el
espacio organizado por la institución", que en
el juego. Y que cuando la concertada integra (las aulas con
menos de dos inmigrantes fueron eliminadas de la muestra,
cosa más frecuente en la privada; un 84% de los centros
visitados eran públicos) lo hace "más o
menos tan bien o tan mal como la pública". |
|
|
|