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Chile,
cuna de las patatas que hoy se cultivan en todo el continente
europeo
17.04.08
El peregrinaje de Mercedes Ammes por 53 herbolarios
de Europa y las prolongadas horas que estuvo encerrada en
el laboratorio se vieron recompensados cuando ella y su tutor,
David Spooner, consiguieron descifrar el enigma de la patata
europea. ¿De dónde proviene el tubérculo
que constituye la dieta básica de millones de habitantes
del viejo continente? En un artículo publicado este
mes en la revista 'American Journal of Botany', la pareja
de investigadores de la Universidad de Wisconsin-Madison,
sostiene que el 99% de las variedades que se cultivan en Europa
proceden de las llanuras del centro y del sur de Chile.
Aparte
del interés que despertó en la comunidad científica,
el trabajo de los investigadores norteamericanos tuvo un inesperado
efecto colateral, al avivar el viejo pleito que Chile y Perú
mantienen acerca del origen de la patata doméstica
(existen en total 4.000 especies diferentes), conocida científicamente
como 'Solarum tuberosum'.
Hasta
ahora se barajaba la hipótesis de que las primeras
patatas que crecieron en suelo europeo provenían de
un ancestro común que se cultivaba en los Andes, en
el hábitat comprendido entre el sur de Venezuela y
el norte de Argentina.
Una
plaga originada por el hongo 'Phytophthora infestans'en el
siglo XIX habría acabado con todos los cultivos, desde
las estepas de Rusia hasta Irlanda.
En
este país la epidemia desató una hambruna feroz
que provocó la muerte de más de un millón
de personas y obligó a dos millones de irlandeses a
emigrar al otro lado del Atlántico, entre los años
1845 y 1848.
La
citada teoría postulaba que, a partir de entonces,
los europeos comenzaron a exportar una especie originaria
de los valles centrales y del archipiélago chileno
de Chiloé, para sustituir los cultivos que desaparecieron
bajo los devastadores efectos de la epidemia del Tizón
Tardío.
Mercedes
Ammes visitó los herbolarios en busca de especies muy
tempranas, que fueron cuidadosamente seleccionadas antes de
enviarlas al laboratorio de genética de Wisconsin en
panales similares a los que utilizan los arqueólogos
para conservar la materia orgánica que encuentran en
las excavaciones.
Finalmente,
la joven investigadora eligió 64 muestras de patatas
europeas que crecieron entre los años 1700 y 1910.
"Muchas de las muestras tenían más de 300
años y no estaban bien preservadas. Mercedes tuvo que
utilizar todo su ingenio para extraer el ADN de esas reliquias",
comenta David Spooner.
La
investigación se prolongó más de lo que
el profesor de Horticultura y su discípula habían
previsto. Justo cuando se les acababa el presupuesto, la Organización
de las Naciones Unidas (ONU) dispuso que el 2008 fuese declarado
el Año Internacional de la Patata, en vista de lo cual
la National Science Foundation decidió financiar el
proyecto.
Después
de extraer exitosamente el ADN de 49 muestras, Ammes analizó
cada una utilizando un marcador genético que permitía
distinguir las cepas procedentes de los Andes de las originarias
del sur de Chile.
"Hallamos
que, efectivamente, las primeras patatas que se cultivaron
de forma sistemática en Europa provenían de
la región andina. La variedad chilena arribó
34 años antes de que se declarara la epidemia. Es más,
ambas especies convivieron al menos hasta 1892, lo cual demuestra
que no todas las plantas andinas sucumbieron a la plaga del
hongo. A partir del siglo XX, hubo un proceso de colonización,
al término del cual la variedad chilena se convirtió
en la dominante, hasta erradicar a su antecesora", explica
Ammes.
El
equipo de Wisconsin-Madison opina que los europeos introdujeron
las patatas chilenas con la convicción de que éstas
se adaptarían mejor a las condiciones del continente.
Su proliferación terminó por darles la razón. |
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