La
UE prepara la expulsión de ocho millones de inmigrantes
sin papeles
05.05.08
Los Veintisiete buscan coordinar y facilitar la repatriación
de los indocumentados La
Unión Europea ultima un acuerdo para facilitar la
expulsión de los inmigrantes sin papeles que se encuentran
en Europa, unos ocho millones, según cálculos
de la Comisión. El próximo miércoles,
el Comité de Representantes Permanentes de los Veintisiete
prevé avalar el proyecto de la Directiva de Retorno,
que persigue armonizar las distintas políticas y
dar más poder a los Estados para repatriar a los
sin papeles.
La
norma prevé fijar hasta seis meses, ampliables a
18 en casos excepcionales, el tiempo máximo de detención
de los inmigrantes sin documentos. La UE ha optado por el
criterio de primar la seguridad que impulsan Nicolas Sarkozy
y Silvio Berlusconi frente al garantista aplicado hasta
ahora en países como España, donde el tiempo
máximo de detención es de 40 días.
La
normativa comunitaria, no obstante, abre la puerta al Gobierno
español para que amplíe el tiempo de detención,
en línea con las orientaciones comunitarias. Para
este mismo miércoles varias ONG han convocado una
manifestación de rechazo en Bruselas, donde el clima
político se ha tensado tras el reciente suicidio
del ciudadano camerunés Ebenizer Folefack, que se
encontraba retenido en la capital belga.
Los
aspectos más polémicos de la Directiva de
Retorno, además de la limitación a seis meses
(a los que se pueden añadir otros 12 en casos excepcionales)
del tiempo máximo de retención de los sin
papeles, son la posibilidad de detención de los menores
no acompañados y la prohibición a los expulsados
de volver a entrar en la UE durante cinco años.
El
reciente endurecimiento de la situación económica
con el aumento del paro en varios países y la llegada
de líderes con políticas más duras
en esta materia -como Nicolas Sarkozy, en Francia, y Silvio
Berlusconi, en Italia- han situado el debate de la situación
de los sin papeles en el primer plano de la agenda europea.
Berlusconi
ha prometido "cerrar las fronteras y construir campos
para identificar a los ciudadanos extranjeros sin trabajo
que se ven obligados a entrar en la vida de la delincuencia".
Sarkozy quiere que la inmigración sea una de las
prioridades de la próxima presidencia europea francesa.
El dirigente francés es contrario a las regularizaciones
y ha tachado de "hipócritas" a los empresarios
que contratan a clandestinos y dicen luego que los quieren
regularizar.
Europa
está absorbiendo actualmente dos millones de inmigrantes
cada año, más que ninguna otra parte del mundo
-en proporción a su población-, incluida América
del Norte, según señala Hugo Brady, investigador
del Centre for European Reform. De estos dos millones que
entran anualmente, entre medio millón y un millón
son "irregulares", según la Comisión
Europea.
El
proyecto de directiva acordado por representantes del Consejo,
Parlamento y la Comisión, al que ha tenido acceso
EL PAÍS, persigue "establecer los criterios
y procedimientos comunes que deben ser aplicados por los
Estados miembros para el retorno" de los indocumentados.
La norma se aplicará a los ciudadanos no pertenecientes
a la Unión "que se encuentren ilegalmente en
un Estado miembro". Los países podrán
decidir no aplicar la directiva a los inmigrantes que "hayan
sido rechazados en la entrada del país o interceptados
en las fronteras".
La
directiva no afecta a los demandantes de asilo, que se regulan
por el Estatuto de Refugiado de la Convención de
Ginebra de 1951. Aunque, como señala Brady, "los
emigrantes a veces tratan de pedir asilo después
de que se les ha denegado el visado". El proyecto precisa
que los Estados "sólo podrán mantener
detenidas" a las personas sometidas a procesos de retorno
cuando "exista riesgo de fuga" o traten de "eludir
o entorpecer" su repatriación.
El
periodo de detención máximo de seis meses
no se podrá ampliar "excepto por un período
limitado de otros doce meses", en los casos en los
que la operación de retorno se prolongue más
"debido a la falta de cooperación del afectado"
o a "retrasos en obtener la documentación necesaria
por parte de los terceros países". Ello supone
que en la práctica el inmigrante puede estar detenido
18 meses.
Ese
aspecto representa un cambio sustancial con la situación
actual de muchos países con períodos de detención
muy dispares (ver gráfico adjunto). Cumplido el plazo,
el detenido tiene que ser puesto en libertad y puede continuar
sus actividades, a pesar de no tener papeles, confiando
en una futura regulación.
El
compromiso de acuerdo, impulsado por Francia, Italia y España,
fue alcanzado el pasado 23 de abril y ha sido celebrado
como un logro por la presidencia eslovena de la UE. Dragutin
Mate, ministro de Interior de Eslovenia, manifestó:
"Ahora podemos esperar con optimismo que el texto de
compromiso sea aprobado por el Consejo; así el Parlamento
europeo lo podrá aprobar lo antes posible".
El
coordinador de la Comisión de Libertades Civiles,
Justicia y Asuntos Internos del Parlamento europeo, el conservador
Manfred Weber, ha advertido que la directiva sólo
puede ser aplicada a los países con los que la UE
ha suscrito acuerdos bilaterales de retorno. Ha precisado
que los menores no acompañados tienen derecho a asistencia
legal y que los afectados tienen derecho a una revisión
judicial de su detención. En su opinión, "es
un buen compromiso entre el principio básico del
retorno de inmigrantes ilegales a sus países de origen
de una parte y, de otra, los derechos básicos de
las personas".
Javier
Moreno, eurodiputado socialista, advierte que la directiva
no afecta a rumanos y búlgaros, que no son países
terceros. "Es una contradicción", señala,
"porque en la práctica pueden residir los que
son ricos y viven de renta pero no los trabajadores sin
contrato".
Sin
embargo, en el Parlamento europeo, la situación no
es pacífica. Los socialistas y Los Verdes están
muy divididos. La división depende en buena medida
de si los partidos están o no en el Gobiernan. España
apoya la directiva, porque la inmigración se ha convertido
en un asunto cada vez más serio y busca el respaldo
de la UE. En cambio, los socialistas franceses están
en contra.
La
portavoz socialista en la Eurocámara, Martin Roure,
rechaza el acuerdo, por considerar que "18 meses es
un periodo demasiado largo para mantener a los inmigrantes
detenidos en los centros de retención".
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