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"Mi
Führer, ¿me concede este vals?"
03.06.08
El historiador Fabrice D'Almeida describe en el fascinante
'El pecado de los dioses' la relación parasitaria entre
los nazis y las élites alemanas
El 11 de enero de 1936, Hermann Göring, mano
derecha de Adolf Hitler, comandante de la Luftwaffe, ministro
presidente de Prusia, el hombre que conectó al Führer
con la nobleza y la alta sociedad alemanas, celebró
su 43º cumpleaños. Invitó a 200.000 personas
a su fiesta y ofreció una cena de gala en la Ópera
de Berlín. Mandó tapizar de satén color
crema las paredes y las escaleras, y colocar una fuente artificial
en cada uno de los cuatro ángulos de la sala. La Orquesta
Nacional interpretó un repertorio de valses y música
clásica. Las entradas se vendieron a 50 marcos, 10
veces más caras de lo habitual: la recaudación
iría a los pobres. Sólo faltó Hitler,
que excusó su ausencia alegando una enfermedad.
Y aunque el fasto sobresalió por su lujo, no fue un
hecho aislado. "Era la estética al servicio de
la dominación, con una puesta en escena delirante.
Funcionaba como un motor que no se podía parar. A cada
desfile, que reafirmaba el ideal nazi, le seguía otra
demostración aún más ampulosa... Por
ejemplo, la nueva cancillería debía medir 700
metros de altura". Aún asombrado, el historiador
francés Fabrice D'Almeida recuerda el amor del régimen
nazi por un boato que conocieron gracias a su temprana relación
con la alta sociedad germana. "Los nazis surgen en diciembre
de 1919 apadrinados ya por esas clases. No sólo hay
desde la fundación del partido hombres de negocios,
élites artísticas o nobles. En 1920 Hitler necesitaba
dinero y buscó mujeres aristócratas a las que
sacárselo". Una relación parasitaria que
D'Almeida describe con múltiples anécdotas y
detalles en su fascinante libro El pecado de los dioses (Taurus).
Para alegría de los historiadores, los nazis amaban
la burocracia. "Si el nazismo hubiera sobrevivido hasta
hoy, habría gigantescos edificios repletos de archivos
con listados surrealistas". D'Almeida ha tenido acceso
a todo tipo de documentos: invitaciones, listas de regalos,
órdenes de colocación en cenas oficiales y desayunos
con el Führer... "Nunca hubiera imaginado que pudiera
encontrar los dibujos que los niños enviaban por su
cumpleaños a Hitler clasificados, ordenados y conservados.
Hasta hay guardadas 6.000 cartas de amor de mujeres que aseguraban
se iban a suicidar por amor a Hitler. La contrapartida, no
comentada en el libro, es que también fueron igual
de exhaustivos en los campos de concentración".
La maquinaria creció hasta el punto de que Hitler creó
una cancillería personal, la Adjudantur, sólo
para sus relaciones personales. "Yo quería definir
el mecanismo del pelota, del lameculos, que hace que la gente
pierda de vista sus valores morales. Sólo con la caída
de uno puede ascender otro. Un juego de gran crueldad".
El lector recorre con Hitler los grandes salones de Múnich
y Berlín, donde baila con las aristócratas...
-"Mi Führer, ¿me concede este vals?"-
hasta que se hace arrogante, y pasa a alimentar el mito de
inalcanzable. D'Almeida insiste: "Estos bailes forman
parte del proyecto de crear una comunidad, y por eso hay que
pasar mucho tiempo juntos". Siempre detrás, Hermann
Göring. "Es un tipo fascinante, defensor de, para
mí, la clave del nazismo, la raza, un concepto muy
de los nobles: mejor cuanto más puro sea tu linaje.
Göring se aficiona a la cría de caballos. Revelador.
Es un mundo de belleza fría. Para los nazis, la cuestión
estética tiene un significado casi místico.
Hitler cree que cada obra de arte tiene una potencia interna
que hace que cuando uno la mira adquiera parte de esa fuerza".
D'Almeida no deja títere con cabeza y asegura que la
Operación Valkiria, el intento de asesinato de Hitler
el 20 de julio de 1944 por parte de militares de alta graduación,
es pura supervivencia entre depredadores. "En realidad,
sólo pensaban que Hitler los llevaba a la derrota y
que tenían que eliminarle".
Curiosamente, en la Feria del Libro de Madrid también
se presenta Queríamos matar a Hitler (Ariel), de Philipp
Freiherr von Boeselager, el último superviviente (falleció
el mes pasado) de la Operación Valkiria. Junto a él,
también están Nazis y buenos vecinos (Machado
Libros), de Max Paul Friedman, sobre el maltrato de los estadounidenses
a los alemanes en América; una biografía de
Leni Riefensthal, la cineasta de los nazis, de Circe; Dictadores
(Tusquets), la comparación entre Stalin y Hitler realizada
por Richard Overy; o Conversaciones con Albert Speer (Destino),
las charlas del arquitecto favorito de Hitler con Joachim
Fest. "Insisto, es la fascinación por la belleza
fría", remata D'Almeida. |
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